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“UTE compra energía eléctrica que no consume nadie y la pagan los consumidores”

Fuente: La Mañana

Al tiempo que se celebra la COP28 en Dubái, el director de UTE por Cabildo Abierto, Enrique Pées Boz, señaló a La Mañana que la producción de energía limpia “la termina pagando doña María y don Enrique en la factura”.

Todo este movimiento tiene que ver con las energías renovables. ¿Qué consideración le merecen?

Lo hemos dicho muchas veces, no estamos en contra de la incorporación de energías renovables. Estamos en contra de la forma en que se ha hecho, lo que se llama “modelo de negocio”. Pagar por parte de UTE energías renovables a 120 dólares la unidad de energía, cuando hoy está a treinta o cuarenta dólares, es en lo que no estamos de acuerdo. Además, fundamentalmente, no estamos de acuerdo con trasladar todos los riesgos sobre UTE. Cuando usted emprende un negocio, asume riesgos. En este caso, el riesgo más difícil de prever es el riesgo de mercado, es decir, que lo que usted produce lo pueda vender. Con los contratos PPA de UTE y los privados, lo que se ha hecho es trasladar ese riesgo a UTE, porque UTE le tiene que comprar sí o sí la energía a los privados, aunque no la necesite. Si compra la energía para usarla está bien, pero UTE queda con el riesgo de comprar la energía y tener lo que tiene hoy, que son grandes excedentes, que es un costo que luego se traslada a las tarifas. Están las denominadas “restricciones operativas”, esto es cuando se le dice a un productor privado que pare el molino de viento, ya que no se necesita más energía, pero eso hay que pagarlo igual. Esto es un negocio para el privado sin riesgo, porque el riesgo lo asume UTE.


Usted ha señalado que continúan las privatizaciones en cuanto a la energía eléctrica en Uruguay. ¿En qué se basa para tal deducción?

Este tema arrancó en aquel plebiscito de 1992, cundo la ciudadanía dijo no a las privatizaciones de las empresas públicas. Luego siguió entre 2012 y 2018, cuando prácticamente en forma de shock se incorporaron todos los generadores privados, tanto eólicos como fotovoltaicos a la matriz eléctrica. Y ahora, en esta administración y vía decretos, sobre todo este último año, se ha incentivado la privatización, promocionando que usuarios, que son fundamentalmente grandes consumidores de UTE, se pasen al aprovisionamiento por generadores privados. Nos hemos opuesto a estos decretos y gracias a ello algunos se han modificado para tener un impacto menor sobre la economía y las finanzas, no solo de UTE, sino también de los 1.6 millones de usuarios. Porque todo lo que afecte a UTE termina afectándolos a ellos.


La más importante empresa de refrescos anunció que firmó un acuerdo con una empresa privada de abastecimiento de energía renovable para que fuera su proveedora de electricidad. ¿UTE ya ha perdido otros grandes clientes?

La respuesta es afirmativa. Por ejemplo, en el norte algunos generadores privados se han ampliado o directamente se instalaron para proveer a grandes consumidores de UTE.


¿Cuál es el sobrante de esa energía, o sea lo que compra UTE, lo carga en las redes y nadie lo consume?

Hay datos que asombran. Los excedentes, o sea la energía que compra UTE y nadie usa, llegan a unos cien millones dólares anuales, por lo cual los sobreprecios en los contratos que se firmaron a veinte y treinta años implican unos cinco mil millones de dólares. Evidentemente, esos contratos son una forma de promocionar esta producción de energía limpias, pero que termina pagando doña María y don Enrique en la factura. Porque se debe entender algo: UTE paga por una energía que no consume nadie, pero alguien la tiene que pagar y la pagan los consumidores en la factura.


Se planteó la renegociación de los contratos, ¿qué pasó con eso?

Si usted por un producto está pagando y tiene que pagar sí o sí, lo use o no, probablemente esté dejando de usar otras fuentes energéticas más económicas, porque esto ya lo tuvo que pagar. Eso es lo que nosotros hemos estimado en cien millones de dólares, que podríamos evitarnos si este modelo de negocio no se hubiera adoptado. Es decir, si por ejemplo empieza pagando 120 dólares por unidad energética (que ya era algo bastante difícil de explicar) y con el tiempo esa misma producción baja a treinta dólares, lo que se necesitaba era una cláusula en el contrato de evolución tecnológica. De esa manera no seguiría pagando 120 dólares, pagaría muchos menos. Como no se fijó ese modelo de negocio por parte del Estado, hay que seguir pagando los 120 dólares. Lo único que quedaba era tratar voluntariamente de renegociar esos contratos, a ver si se ajustaban a los verdaderos valores de hoy, pero la respuesta desde los privados que venden la energía a UTE fue muy insuficiente. Se les daba la posibilidad de extender los contratos a cambio de baja del precio y la bajada de precios fue tan insuficiente que quedó en la nada.


¿O sea que en Uruguay la energía es cara por esos contratos y no por un consumo que supera la generación?

Por supuesto. Bienvenida la demanda y por eso estamos tratando de compensar esos excedentes tan costosos. Los estamos tratando de compensar con nuevos consumos, como la movilidad eléctrica. Pero los excedentes mientras tanto están ahí. Entonces, cuando se habla de eficiencia o ineficiencia de las empresas públicas, después de haber firmado esos contratos o estos decretos que permiten a los privados vender a grandes empresas, es difícil que las cuentas cierren. Estos decretos son una nueva forma de privatización. Antes, vía la promoción, se obligó a UTE a comprar energía a precios caros; ahora, también vía la promoción, se le quitan clientes.

A estas energías renovables, eólica y fotovoltaica, se piensa sumar el hidrógeno verde. ¿Qué consideración le merece su desarrollo?

Por ahora son relatos. No he visto un solo contrato para la venta de hidrógeno verde, que obviamente sería al exterior, porque si vamos a hacer un esfuerzo así no debe ser solamente para aquí. No conozco estudios serios sobre lo que es fundamental: la venta del producto. Si usted va a producir, primero tiene que saber que esa producción la puede colocar, y eso realmente está muy verde. En todo esto hay temas muy relevantes como, por ejemplo, el transporte de ese hidrógeno. No hasta Argentina o Brasil, sino a Europa y los mercados que puedan comprar. Creo que por ahora es más relato que dato.


Entre los planes de UTE para colocar la energía excedente está la movilidad eléctrica. ¿Cuáles son las perspectivas de la empresa al respecto?

UTE va a seguir avanzando en la red de cargadores. Esperamos cumplir con el objetivo. Hoy estamos en 270 cargadores a nivel nacional (en las rutas) y queremos llegar antes de fin de año a trescientos. Hemos tenido dificultades en el abastecimiento de cargadores recientemente, por el tema del transporte. Pero hoy ya estamos nuevamente en marcha y no solo estamos trabajando sobre cargadores eléctricos lentos, sino también en la instalación de muchos cargadores rápidos. Y eso es una diferencia abismal para el usuario. Ahora bien, este tema no depende de UTE y sí de los productores de vehículos, que tienen que tomar la decisión de si vamos al automóvil eléctrico o seguimos con los combustibles fósiles.


Dentro de la movilidad eléctrica del particular, ¿UTE instala cargadores dentro de las ciudades o se espera que la carga se haga en el domicilio?

En las ciudades y para el particular lo mejor es cargar cuando están las tarifas más bajas, o sea en la noche y en domicilio. Tenemos dos tipos, básicamente, de automóviles eléctricos: los particulares y los usados para el transporte de pasajeros, como los taxis o aquellos que trabajan con alguna app. Muchos ya tienen lugares donde cargar, en especial los taxis. Y en el caso de los que usan apps lo hacen en domicilio. Pero insisto en que la masificación pasa por las empresas productoras de vehículos, que hasta ahora creo que es un tema que no está definido. Existen muchas dudas de cuántas empresas productoras de vehículos se volcarán totalmente a lo eléctrico. El porcentaje de vehículos eléctricos, por lo menos en el país, es muy bajo todavía y pienso que la gente no está muy convencida. Que un particular no compre un vehículo eléctrico no es porque en Uruguay no existan cargadores en las rutas o no se pueda cargar en el domicilio. Opino que la gente aún no sabe si conviene. Pero en servicios la diferencia es enorme, entre lo que se gasta en energía eléctrica o combustibles fósiles, en pocos años paga el vehículo.

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